¿María?

Querido lector, este es un relato posterior a la historia Cuando consigas… hablarme, la cual la encuentras en Amazon en el siguiente link: Saga Bowen.

Te animo a descubrirla.

 

Llevo años arrastrando los pies, atrás quedaron los taconeos y los vestidos ajustados que me sentaban como un guante. Repudiada, encerrada, amargada, herida… ¿quién soy? Solo la sombra de lo que fui.

No me reconozco en el espejo, apenas me miro de reojo mientras recojo en una coleta mi larga melena castaña que todavía resplandece a pesar del encierro, es otra de tantas estúpidas normas que no puedo ignorar. Mi reflejo me horroriza: arrugas sobre los ojos, algunas canas, manchas en la piel… el paso inexorable del tiempo sobre mí sin ninguna herramienta para frenarlo.

No, aquí no hay nada para disimular que una se va consumiendo, los loqueros dicen que debes enfrentarte a la realidad, que tienes que asumir la vida tal y como es, no solo eso, también tus actos, que tienes que aprender a perdonar a otros incluso a ti. ¿Malditos idiotas? ¡¡Qué sabrán ellos de lo que necesita una mujer como yo para sentirse bien!!

Cada día es un suplicio, una agonía extenuante que está a punto de matarme de aburrimiento. Solo me mantiene alerta el odio que corre por mis venas, empezando por mi padre y acabando por él: Nathan.

Por las noches sueño con mi venganza, con matarlos a todos, uno por uno y hacerles pagar los cinco años que llevo ya enclaustrada aquí. Los detesto y me aborrezco por haberme dejado vencer. Aún trato de entender por qué no conseguí mis objetivos, lo tenía todo para alcanzarlos, estaba tan cerca… ¿Qué falló? Me lo pregunto cada día y no consigo encontrar la respuesta.

Quiero huir, necesito salir al exterior, anhelo alejarme de las medicinas que me atontan y las charlas que tratan de volverme gilipollas. No soy buena, jamás lo he sido, ni lo pretendo, me gusta mi maldad, es mi parte más auténtica. Me gusta regodearme en la oscuridad y mis mejores momentos son cuando los imagino bajo tierra.

Soy una psicópata, lo sé, lo asumo, no me importa.

Ser consciente de que son felices me reconcome por dentro, no lo merecen mientras yo me apago entre estas cuatro paredes, ellos disfrutan de la vida que estaba preparada para mí. Mi plan era tan perfecto: un marido rico y trabajador hasta el cansancio, dándome mis caprichos y dejándome sola para hacer mi voluntad.

Amantes, compras, lujos…

Cierro los ojos y me imagino en esa vida que me arrebató Catherine. Y entonces todo mi rencor se concentra en ella. Podría matarla, acabar con ella, destrozarla sin remordimiento alguno, demostrarle lo que es perder todo lo que quieres empezando por su hija.

Me recreo en ello y el día se vuelve menos aburrido mientras pienso en cómo podría hacerlo. Soy muy creativa, demasiado y hay tantas posibilidades.

—Hoy llevas todo el día sonriendo —la voz rasgada de la psicóloga me saca de mis emocionantes pensamientos.

Me ha interrumpido y eso es suficiente para hacerme enfadar, pero hoy no quiero hacerlo, así que la evalúo mientras se sienta junto a mí en el banco de madera lacado en blanco en el que llevo sentada toda la mañana.

—Es un gran cambio, María —me asquea su voz, su pelo canoso, su mirada maternal y la manera en que trata de rozarme la mano a pesar de que siempre la aparto. No quiero cariño y comprensión. No me interesan las muestras de afecto de nadie, mucho menos de alguien tan por debajo de mi nivel como ella.

—Ya… —contesto y mi mente me recuerda que solo ella puede sacarme de este lugar con un informe favorable.

—No te cierres, María. Aprovecha la oportunidad que te brindamos aquí para ser mejor persona. Sé que lo eres, también que no tuviste una infancia sencilla, pero queremos ayudarte —ahí sigue intentando llegar a “mis heridas”, quisiera reírme, es tan estúpida, tan insustancial, tan previsible.

¿Y yo? ¡¡Dios, soy imbécil!! Llevo años aquí, pero estaba tan frustrada que ni siquiera me acordé de lo manipuladora que puedo llegar a ser. Sí, definitivamente me volví estúpida cuando me encerraron aquí, pero lo voy a subsanar ahora mismo.

Me imagino bien vestida, con un traje negro de Chanel, con las uñas pintadas de rojo a juego con mis tacones, una diosa a punto de usar sus mejores armas. Ha llegado mi momento y no pienso desperdiciarlo por nada del mundo.

Sonrió con suficiencia y la cara de la doctora se ilumina de felicidad, se cree que ha conseguido algo, pues sigámosla el juego hasta que logre mi objetivo.

—Me estáis cambiando —susurro fingiendo una timidez que jamás he sentido, pero veo cómo se iluminan sus ojos ante mis palabras. Cayendo en mis redes, sin imaginarse lo que le espera, ni lo que voy a hacer cuando me libere.

—¿Empiezas a sentirte mejor? —pregunta sin ocultar su ansiedad por lograr algo conmigo. He sido su piedra en el zapato y voy a convertirme en una mancha en su expediente.

—Sí, me he dado cuenta de que todo lo que hice estuvo mal —aseguro con “remordimiento” —. ¿Cómo puedo ser así?

—No te flageles, cariño, estás en el primer paso, reconociendo tu error, reconstruyendo a una nueva María. Será una versión mucho mejor de ti y te sentirás orgullosa. Todos nos equivocamos, pero no estás sola, pienso ayudarte. Quiero que salgas de aquí.

Asiento con la cabeza y fuerzo las lágrimas. Mi show es solo para ella, tiene el corazón demasiado blando para trabajar con gente como yo, pero me viene tan bien que sea así, que crea que puede salvarnos a todos.

No sabe lo que la espera, pero yo sí sé cómo la voy a llevar a mi terreno. Consiguiendo así el informe favorable que necesito para salir del loquero y volver a la vida real.

La escucho con atención, tanto entusiasmo y positivismo me dan arcadas, quiero mandarla a la mierda, los insultos se agolpan en mi garganta esperando el momento certero para usarlos, incluso me encantaría abofetearla hasta el cansancio solo por hacerla callar, pero no lo hago, me contengo a duras penas sabiendo que mi esfuerzo tendrá su recompensa.

Ahora sí he encontrado la salida y pronto los Bowen empezarán a temblar por mi culpa.

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One response to “¿María?

  1. ¡Madre mía, Bea! Me has dejado de piedra. No esperaba esto, sabía que María era perversa, pero se ha superado a sí misma. Ni se te ocurra dejarnos con esta incertidumbre, así que ya puedes ir poniéndote con la continuación. Felicidades, ¡me ha encantado!

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